Los montes Drakensberg o Montañas del Dragón son las montañas más altas de Sudáfrica y destino final en nuestro viaje. Nos marcamos como reto el avistamiento del quebrantahuesos, una especie amenazada que reina en los cielos de las montañas sudafricanas.
Aunque se me ha echado el tiempo encima, no pensaba encontrar tanto trabajo pendiente a mi vuelta, no quería dejar pasar la oportunidad de hablarles del bonito broche final que supuso la visita a la cordillera de los Drakensberg, un lugar con unos paisajes más europeos que africanos.
Solo reservamos 3 días para atravesar toda la cordillera y llevarnos una impresión del lugar, con lo que no pudimos profundizar todo lo que nos hubiese gustado. Aun así disfrutamos muchísimo del paisaje y de las nuevas especies fotografiadas.
Los Drakensberg forman una frontera natural entre Lesotho y Sudáfrica y se encuentran a unos 200 km de Durban, a donde se puede llegar en avión si no se quiere hacer la ruta desde Johannesburgo.
Si algo destaca en esta región son sus paisajes, el amante del trekking tiene en este lugar un punto de referencia.
En busca del quebrantahuesos
Si bien teníamos poco tiempo, fuimos con la esperanza de poder disfrutar del quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), un ave portentosa que reina en los cielos de los Drakensberg, aunque su escasa población hace difícil su avistamiento. Sabíamos que existe un hide que facilita el poder fotografiar algún ejemplar que se ha acostumbrado a su presencia, pero el alquiler del mismo se hace con meses de antelación ya que fotógrafos de todo el mundo hacen cola para usarlo.
Así que tuvimos que salir al campo a probar suerte y, como en el resto de nuestro viaje, ésta estuvo de nuestro lado.
La luz no era mala, era peor que mala, y la hubicación era muy lejana, pero, aún así, nos dimos por satisfechos por poder encontrar el ave y disfrutar de verlo. Una oportunidad única.
Muchas más especies se cruzaron en nuestro camino como el llamativo obispo rojo (Euplectes orix), a quien la naturaleza no le dotó para pasar desapercibido precisamente y que destacaba en los cañaberales a decenas de metros.
O el obispo colilargo que no destaca tanto por los colores como el obispo rojo, pero su exuberante cola atravesando los campos de cereales en cortejo nos hacía imposible no detenernos a observarlo.
En carretera tenías la sensación de estar en otro país y algo que nos recordaba que estábamos en África eran las viviendas típicas africanas, porque los prados y acantilados eran más propios de países como Suiza, dándose la circunstancia de cruzarnos con una población llamada "Little Switzerland". Algo de agradecer, es que en toda la región se respeta la estética en las construcciones, no sé si por necesidad o por obligación, pero lo cierto es que es así.
Espero dedicar más tiempo a un lugar como este en los próximos viajes, que bien lo merece.
Y con este artículo pongo punto y final a la aventura de disfrutar y fotografiar Sudáfrica.
Agradezco a los componentes del viaje la confianza depositada para llevarles a través de un país tan sorprendente como este.
Mi valoración ha sido más que positiva, ya que no solo lo que estaba en nuestra mano a nivel organizativo salió a la perfección, sino lo imprevisible, como el avistamiento de especies, donde al margen de los recursos que uno pueda tener, hubo bastante suerte.
Invito a todos los lectores a hacerme cualquier consulta con respecto al viaje y a que se planteen una aventura como esta en los viajes del próximo año, ya que realmente serán involvidables.
Puedes seguir el resto del viaje:
- Norte del Parque Nacional Kruger
- Sur del Parque Nacional Kruger
- Suazilandia, iSimangaliso y el Humedal de Santa Lucía
Hasta pronto.
Estimado compañero,
Como de costumbre fue todo un placer el compartir estos días. Sin lugar a dudas una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida, toda una aventura viajera y una gran lección de fotografía de naturaleza.
Gracias por hacer realidad uno de mis sueños naturalísticos.
Tenemos que repetirlo.
Un fuerte abrazo.


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